¿Alguna vez has oido hablar sobre el hilo en el techo que se supone que levanta tu cabeza hacia arriba?

Qué peligrosa es esta imagen, aunque al principio pueda resultar útil para algunas personas. Sin embargo, como instrucción derivada de una imagen externa, mental, rápidamente llega a sus límites.

Lo que puede suceder cuando las personas insisten en esa imagen del hilo en el techo es que ya no sienten cuando es demasiado, cuando el cuerpo tiende demasiado hacia arriba, se vuelve demasiado recto, demasiado rígido. Entonces el beneficio se invierte, entonces el cuerpo se vuelve tieso, inmóvil. Pocos se dan cuenta de esto. La mayoría de las personas piensan que hacen algo bueno para su cuerpo cuando se imaginan ese hilo. Algunos llegan a tanto que que se llevan su hilo a todas partes, y la rigidez también, a cuestas.

¿Qué pasa cuando, en vez de ello, abres espacios en el cuerpo, dentro de un movimiento o a través de un movimiento? Entonces, el cuerpo se abre en todas direcciones, no solo hacia arriba. Si lo intentas por ti mismo, verás que naturalmente te eriges un poco, que tu respiración puede fluir un poco más en tu cuerpo. Todo ello sin pensar en ningún hilo.

Muchos tienen miedo de colapsarse, de no estar „rectos“, se imaginan el hilo y luego se preguntan por qué les duele la espalda o el cuello.

Hay una gran diferencia entre estar recto y erguido. "Recto" cumple una instrucción desde afuera, de un tiempo pasado. "Erguido" viene desde dentro, desde la abertura y el flujo de movimiento.

Honrar una imagen mental antigua o vivir sin dolor y flexible - la decisión está en tus manos.



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